La final de la NFL cumple 60 años y vuelve a escena como algo mucho más grande que un partido de fútbol americano. El Super Bowl se transformó con el tiempo en una cita global donde se cruzan deporte, música, televisión y entretenimiento ante una audiencia que no deja de crecer.
Todo comenzó en 1967, cuando se disputó por primera vez el juego que definiría al campeón de la liga. Lo que nació como una final deportiva terminó convirtiéndose en un evento fijo del calendario internacional, seguido por millones de personas dentro y fuera de Estados Unidos.
Para 2026, la cita se mantiene en febrero, una fecha que ya forma parte de la rutina de fanáticos y curiosos por igual. Cada edición no solo corona a un campeón, también agrega un nuevo capítulo a la historia del deporte profesional.
En estas seis décadas quedaron jugadas inolvidables, partidos decididos en el último minuto y equipos que marcaron generaciones. Nombres como Tom Brady, Joe Montana, Jerry Rice, Peyton Manning y Patrick Mahomes ayudaron a construir el peso simbólico del Super Bowl y su lugar en la memoria colectiva.
El atractivo no termina en el terreno de juego. El show del medio tiempo se volvió uno de los escenarios musicales más vistos del planeta. Por ahí pasaron figuras como Michael Jackson, Prince, Beyoncé, Madonna, Shakira, Rihanna y The Weeknd, con presentaciones que trascendieron fronteras y quedaron grabadas en la cultura popular.
Todavía no se conoce quiénes subirán al escenario en la próxima edición. Aun así, la expectativa ya está en marcha, como cada año, con la posibilidad de ver artistas de alcance mundial frente a una audiencia gigantesca.
El impacto del Super Bowl también se siente en otros frentes. La final mueve cifras millonarias en publicidad. Los anuncios que se emiten durante el partido son los más caros de la televisión, y las marcas pelean por segundos de atención ante un público que se cuenta por cientos de millones.
En paralelo, el evento fue adaptándose a los cambios tecnológicos. Pasó de las transmisiones en blanco y negro a la alta definición, las plataformas digitales y el streaming, ajustándose a nuevas formas de consumo sin perder protagonismo.
Con una nueva edición a la vuelta de la esquina, el Super Bowl ratifica su condición de fenómeno deportivo y cultural. Una noche capaz de lograr algo poco común: reunir a millones de personas frente a una misma pantalla, al mismo tiempo.

